lunes, 20 de octubre de 2014

Jóvenes Emprendedores

Es un hecho: este país no necesita trabajadores. Lo que precisa son emprendedores. Jóvenes, a ser posible. Esa es la expresión de moda: "jóvenes emprendedores".
Se supone que un joven emprendedor es aquel que, echando mano de su ingenio, alcanza a tener una idea original y se pone manos a la obra para desarrollarla, para darle forma, para ponerla en marcha.
Ahora bien, teniendo en cuenta que hay más de cinco millones de parados, de los cuales la mitad (millón arriba o abajo) son jóvenes, cabe preguntarse: ¿habrá tantas ideas originales? Es decir, será posible que haya, al menos, dos millones de ideas originales en España. ¡Qué digo en España, en el mundo! Si todos los jóvenes en paro se ponen a pensar va a ser muy difícil que cada uno de ellos tenga una idea única y original y que, además, no coincida con la que tenga el joven que tiene al lado. Difícil tarea.
Pero no por ello imposible. Sin ir más lejos yo, que no soy joven, tengo más de una. Lo malo es que como digo, no soy joven y tampoco emprendedor. Así pues, con el fin de contribuir en algo para superar esta insufrible y prolongada crisis voy a "donar" de forma totalmente altruista unas cuantas ideas originales para que algún "joven emprendedor" sin ideas las haga suyas y cumpla con su obligación social de ayudar a este país a salir del atolladero. Allá van.

1. La primera idea que puede ayudar a forjarse un futuro prometedor que permita alcanzar pingües beneficios consiste en hacer pozos. Eso es, pozos en el suelo, sin más. Me explico.
La idea pretende aprovecharse de la irresistible necesidad que sienten los seres humanos de arrojar monedas a los pozos (o similar) que encuentran en su camino. Cualquier agudo observador podrá comprobar que cualquier pozo que tenga unas medianas dimensiones y que lleve un cierto tiempo en el lugar está repleto de monedas. Si, además, el pozo tiene agua, pues miel sobre hojuelas: más monedas, más ingresos.
Debe haber algo atávico y ancestral en ese curioso comportamiento. Tal vez provenga de la imperiosa necesidad que sentía ya el hombre primitivo de comprobar la profundidad de las oquedades arrojando piedras en su interior. Cuando en los caminos empezaron a escasear las piedras éstas fueron sustituidas por monedas que eran arrojadas en el transcurso de breves ceremonias acompañadas de los más variados ensalmos y preñadas de los más peregrinos augurios.
Pero no se trata de hacer aquí un tratado de Antropología. Se trata de que, una vez constatado el hecho de que todo pozo va acompañado de sus correspondientes monedas, aprovechemos la circunstancia para hacernos ricos.
Se cava un pozo. Si se llena de agua mejor, aunque no es imprescindible pues aumentaría los costes en infraestructura y en mantenimiento. Se espera unos cuantos días y se procede a retirar las monedas cuidando, claro está, de dejar algunas monedas en su interior a modo de reclamo.
A más pozos, más ingresos. Cuando el negocio ya esté en marcha, siempre se puede subcontratar la realización de los pozos y la recogida de los ingresos. ¡Un chollazo!

2. La segunda idea se apoya en las grandes oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías. La venta por internet está experimentando un auge desaforado. Todo el mundo compra de todo. Incluso las cosas más inverosímiles están al alcance de un click.
Pues bien, la original idea consiste en vender por internet "Corriverás con cascabelinos atrás". Obviamente para aquel potencial lector que no haya pasado de los cuarenta, no sabrá de lo que estoy hablando. Por eso es un negocio que tiene un "target" muy específico. Es decir, que está orientado a un determinado sector de la población caracterizado por sentir de cuando en cuando ataques de nostalgia.
Un "Corriverás" (lo de los "cascabelinos" es un accesorio opcional que no viene de serie) es un objeto cuya forma, tamaño, color y función está en la mente de cada uno. Su imagen quedó grabada a fuego en nuestras tiernas mentes a fuerza de amagos, chanzas y falsas promesas paternas. Cuando la siempre pedigüeña boca del niño apremiaba a los padres a obsequiarle con un regalo no suficientemente merecido, éstos siempre salían del paso prometiendo con generosidad regalarle un "corriverás". La natural curiosidad del infante trataba de indagar de qué naturaleza era tan misterioso regalo.
La respuesta, obviamente, estaba plagada de vaguedades que, no obstante, eran suficientes para que la desatada imaginación infantil diera forma a aquel anhelado juguete. Pero lamentablemente habría de quedarse en eso: en un anhelo jamás cumplido.
Frustración. No hay otra palabra para definir el estado de ánimo que se nos quedó a todos los niños de aquellos tiempos. Frustración que devino en nostalgia de algo que nunca tuvimos. Que nunca tuvimos pero que ahora gracias a mi original idea podemos tener. Basta pedirlo por internet, abonar una "módica" cantidad (portes aparte, claro está) y satisfacer así ese viejo anhelo.
Que lo que se envía no responde a lo que, el otrora niño, se había imaginado: se siente. Eso no es responsabilidad de la empresa sino de la calenturienta imaginación infantil. Por eso tampoco hay que darle muchas vueltas a la cabeza respecto al objeto a enviar. Eso sí, como los "cascabelinos" no vienen de serie, si alguien los desea, previo pago de otra "módica" cantidad habrán de ir incluidos convenientemente en la caja con las preceptivas instrucciones de montaje y uso. ¡Chollazo!

3. En el mismo contexto tecnológico y dirigido a idéntico público se inserta esta nueva idea para emprendedores. A saber:
Montar una editorial de venta de libros por internet. En realidad, la editorial sólo pondrá en el mercado un único título: "El cuento de la buena pipa". Eso sí, en tres formatos: vulgata, "de luxe" con tapa dura e ilustraciones y libro electrónico (e-buk).
La editorial puede llamarse "Ediciones La Buena Pipa", obviamente, y el libro, claro está, recogerá el conocidísimo cuento de la buena pipa que asombrosa e incomprensiblemente aún está por escribir.
En su versión papel bastaría rellenar unas decenas de páginas con el siguiente texto:
"Este es el cuento de la buena pipa. Hágase usted mismo la pregunta de si desea seguir leyendo. Si usted contesta que "si", pase a la siguiente página y siga leyendo. En cambio, si la respuesta es "no", le instamos, no obstante, a hacer lo mismo que antes. En caso de elegir cualquier otra respuesta, debe remitirse al primer caso, puesto que este es el cuento de la buena pipa."
Este será el único texto del libro, repetido múltiples veces; tantas como grueso quiera editarse el libro.
En el caso del libro electrónico se trataría de un libro "interactivo" que es lo que está de moda. Este empezaría diciendo: "Érase una vez un cuento que dábase en llamar La Buena Pipa. ¿Desea Vd. leer el cuento de la Buena Pipa?" De forma interactiva el lector se encontrará en pantalla con tres posibles respuestas: "Sí, "No" y "Otros".  Elija lo que elija el lector el libro electrónico contestará diciendo: "Lo siento, no se le ha preguntado que si "...."  (aquí iría la respuesta dada por el lector) sino si desea Vd. leer el cuento de la Buena Pipa". Esta secuencia habrá de prolongarse "ad infinitum". Y en eso consiste la "gracia" del libro en cuestión.
Damos de esta manera satisfacción a aquellos lectores que en su día se quedaron la insatisfacción de no poder saber de qué iba el "Cuento de la Buena Pipa". Qué infante nacido allá por los años 60 se resistiría a contar por fin entre los numerosísimos volúmenes de su biblioteca con este "incunable". Nos los quitarían de las manos. ¡Un bet seller! ¡Un chollazo!

4. Vamos con otra rutilante idea para emprendedores sin talento. En este caso se trata de fabricar y vender platos para ciegos. Es decir, platos en braille. Sabido es que los ciegos a la hora de sentarse a la mesa deben organizar su plato de manera tal que sepan dónde se encuentra cada alimento. A la izquierda las patatas, a la derecha el huevo, al frente las salchichas y así. De otra manera corren el riesgo de pinchar el huevo, mojar en las patatas u olvidarse de la salchicha. Un desastre.
Pues bien, con este invento se acabaron esas desdichas. Los platos aquí descritos tendrán en la parte inferior del borde una leyenda en braille indicando el alimento que se encuentra justo encima. Basta que el invidente pase sus yemas por el canto inferior del plato para saber dónde se encuentran los huevos o las patatas.
Caso de que se trate de un único alimento en el plato, pongo por ejemplo, sopa, por todo el derredor del plato aparecerá repetido en toda su extensión la palabra: "sopa, sopa, sopa, sopa...".
Pueden fabricarse dos versiones: la de lujo con el punteado en cerámica y la más práctica de quitar y poner mediante pegatinas con los alimentos más comunes que se pegarán al plato en cada refrigerio.

Una variante de este invento pero dirigido al mismo tipo de usuario es más bien un servicio y trata de aprovechar el filón que supone la peregrina idea del Principado de instalar paneles para ciegos en los miradores.
En efecto, al igual que se hace con los platos, la Administración ha decidido dotar a los paneles de muchos de los miradores que abundan en nuestra bella geografía, de unos letreros en braille para que los invidentes "vean" dónde se ubican los diferentes accidentes geográficos que se localizan desde el punto panorámico en cuestión.
Pero en su afán "no-discriminador" se han quedado un poco cortos habida cuenta de que no han tenido en cuenta que cuando el entorno del mirador se encuentra envuelto en una densa niebla, no hay quien vea nada. Ni videntes (no hablo de Raphel) ni invidentes. En consecuencia, para que estos últimos sientan de verdad la misma sensación que los primeros, debería haber un servicio de guardia que, en caso de niebla, se desplazara al mirador en cuestión y tapara los letreros con cinta aislante, procediendo a su retirada en el momento en el que se despejase el panorama.
Es aquí, donde el joven emprendedor, provisto de una moto puede ofrecer a la Administración ese servicio a través una contratación externa.

Por último y con el fin de hacer más rentable la inversión que supone la compra de la motocicleta me atrevo a sugerir una nueva idea complementaria con la anterior. Es decir, que cuando las condiciones meteorológicas permanezcan estables y se den condiciones de niebla intermitente siempre se podrá hacer uso de la moto para el siguiente negocio: El taxi-moto.
Se trata de poner un servicio de taxi pero en lugar de hacerlo con un vehículo de cuatro ruedas se haría con una moto. Es ideal para implantar en ciudades grandes, con mucho tráfico y a poder ser con buen clima.
El conductor debe llevar un casco de más, talla estándar (los cabezones deben aportar su propio casco) y un cepillo tipo barbero. Este último adminículo se usará para cepillar al cliente tras el recorrido a la par que se le dice el consabido "servido el señor".
Al atractivo que supone un rápido trayecto sin tráfico se suma el de disfrutar de un paseo en moto lo que hace augurar un gran porvenir a esta idea aún por desarrollar del todo.

Bien, eso es todo de momento. Hasta aquí mi contribución desinteresada para que aquellos jóvenes sin ideas tengan también la oportunidad de convertirse en jóvenes emprendedores.
No hay de qué.

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